Alitas de pollo con ajo y parmesano en Air Fryer

Alitas de pollo con ajo y parmesano en Air Fryer

Alitas de pollo crujientes con ajo y parmesano, cocinadas en Air Fryer.

Tiempo: 30 min2 servingsDificultad: Fácil193°CPollo

Pasos

  1. 1

    Precalienta la Air Fryer a 193°C (380°F).

  2. 2

    En un bol grande, mezcla las alitas de pollo con el aceite de oliva y el ajo en polvo hasta cubrir uniformemente.

  3. 3

    Coloca las alitas en la cesta de la Air Fryer en una sola capa.

  4. 4

    Cocina durante 25-30 minutos, volteándolas a la mitad del tiempo, hasta que estén doradas y crujientes.

  5. 5

    Espolvorea parmesano rallado y perejil picado sobre las alitas antes de servir.

Lista de la compra

Alitas de pollo, aceite de oliva, ajo en polvo, queso parmesano rallado, perejil fresco

Historia de la receta

Esta receta moderna de alitas de pollo tiene sus raíces en la cocina real de la corte de Budapest, donde el ajo era considerado una especia divina. La combinación con parmesano refleja la influencia italiana en la gastronomía húngara del siglo XIX. Hoy, es un plato popular en todo el mundo, adaptado a la cocina rápida con Air Fryer.

Secretos de los Ingredientes

Perejil

Perejil

En la mitología griega, el perejil se asociaba con la muerte y el renacimiento, plantado en tumbas para simbolizar el ciclo de la vida. Los romanos lo usaban generosamente en la cocina y como remedio para la resaca.

Ajo

Ajo

Originario de Asia Central, el ajo ya era conocido en el antiguo Egipto, donde se daba a los esclavos para aumentar su fuerza. En la antigua Grecia, los atletas lo consumían antes de las competiciones, y en Roma, los legionarios lo consideraban esencial para el coraje. En la Edad Media, se usaba para ahuyentar vampiros y la peste.

Aceite de oliva

Aceite de oliva

Originario de la cuenca mediterránea, el aceite de oliva ya se producía en la antigua Creta hace 5.000 años. En la antigua Grecia se consideraba un regalo de Atenea y se usaba en lámparas, cosméticos y ceremonias religiosas. Los romanos lo extendieron por todo el imperio y en la Edad Media los monasterios preservaron la tradición de su producción.

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